La familia Nájera tenía una casa en Valle de Bravo desde los años noventa, usada cada vez menos con el paso de los años. Cuando decidieron venderla, encontraron un librero completo que nadie recordaba haber llenado.
Eran libros de varias generaciones: novelas de los abuelos, libros de texto de los hijos cuando eran niños, algunas revistas de los ochenta que alguien guardó sin razón clara.
Nadie en la familia quería cargar con esa biblioteca de regreso a la Ciudad de México. Tampoco querían dejarla ahí para los nuevos dueños.
Fuimos directo a la casa de campo, revisamos todo en sitio, y coordinamos el retiro completo el mismo día de la mudanza de muebles.
La familia se llevó solo cuatro cajas, las que sí tenían sentido conservar. El resto encontró destino sin que nadie tuviera que preocuparse por transportarlo.
Si vas a vender una casa de descanso con años de libros acumulados, no esperes hasta el último momento. Coordina la revisión antes de la mudanza final, para que no tengas que decidir todo con prisa el mismo día de la entrega.