En 2015 coordinamos nuestra primera donación con una biblioteca comunitaria de Iztapalapa, apenas un puñado de libros de una revisión pequeña. Once años después, seguimos siendo uno de sus donantes recurrentes.

No fue un plan deliberado desde el principio. Simplemente, cada vez que una revisión incluye material que encaja con lo que esa biblioteca necesita, se los ofrecemos primero, y casi siempre dicen que sí.

Con los años, hemos visto crecer su catálogo, ampliar su horario, y sumar un pequeño programa de lectura para niños los sábados, en parte gracias a las donaciones constantes de distintas fuentes, la nuestra entre ellas.

La bibliotecaria a cargo, que lleva ahí desde el principio, nos reconoce por el nombre cuando llegamos con una nueva entrega, y siempre pregunta qué historia trae cada lote de libros esta vez.

Este tipo de relaciones de largo plazo son, para nosotros, una de las señales más claras de que el trabajo tiene sentido más allá de cada visita individual.

Si tienes una institución cercana con la que te gustaría construir una relación similar, con el tiempo, avísanos. Nos gusta acompañar procesos que duran más que una sola donación.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

Escribir por WhatsApp