La primera vez que visitamos la casa de la familia Terán, en 2010, compramos un lote pequeño de novelas. Desde entonces, cada dos o tres años, nos vuelven a llamar.
Con los años, la relación cambió. Ya no somos solo el servicio que compra libros: nos preguntan por consejo antes de decidir qué conservar, y nosotros ya sabemos qué tipo de libros les gusta quedarse.
La última vez fue por los libros del abuelo Onofre, que murió el año pasado. La familia nos buscó a nosotros, sin dudarlo, porque ya conocíamos la historia completa de esa biblioteca.
Revisamos casi trescientos libros esa tarde, entre risas y recuerdos de visitas anteriores. Al final, la nieta mayor nos dijo: "ya son casi de la familia".
Estas relaciones que se construyen con los años son de lo que más valoramos del trabajo. Revisar libros es apenas el principio; lo que queda es acompañar a una familia en distintos momentos de su vida.