—Mi hija estudia en línea y por las tardes toma clases de ballet —nos dijo mientras nos mostraba dónde estaban los libros—. El plan es desmontar el estudio para poner duela y una barra.
Era la única pieza disponible: había sido la oficina de ambos, donde pasaban mucho tiempo trabajando desde casa. Ahora trabajarían desde el comedor, para dejarle ese cuarto a su hija.
Mientras hablaba, su mirada se perdía un momento, pensativa y contenta. ¿Cuántas cosas hacemos por nuestros hijos?
Recogimos los libros con la sensación de estar formando parte de algo más grande: un regalo. Esperamos que su hija se convierta en una gran bailarina.