Rodolfo y Ximena se mudaban de una casa de tres recámaras a un departamento de uno. Sus dos bibliotecas juntas no cabían ni en la sala nueva.

Nos contaron que llevaban semanas peleando amablemente sobre qué libros llevarse. Cada quien defendía los suyos.

Les propusimos un método distinto: en vez de decidir por autor o por tema, decidieran por uso real. ¿Qué libros habían abierto en los últimos dos años? Ese fue el filtro.

Funcionó mejor que cualquier discusión. De las ochocientas piezas que tenían entre los dos, se quedaron con ciento veinte, las que de verdad seguían leyendo o consultando.

El resto lo revisamos con calma y les ayudamos a decidir destino: una parte para vender, otra para donar a un centro cultural cercano.

Si tu espacio nuevo es más chico, no decidas por cariño ni por culpa. Pregúntate qué libros has abierto realmente en los últimos años. Es el filtro más honesto que existe, y el que menos discusiones genera.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

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