La parroquia del padre Cirilo recibía libros donados desde hacía años, pero nadie los organizaba. Terminaron amontonados en la sacristía, sin que nadie supiera bien qué había ahí.

Nos buscó un grupo de catequistas que quería poner orden antes de armar una pequeña biblioteca para los jóvenes de la parroquia.

Revisamos todo el material: había libros de teología que sí servían para ese fin, pero también novelas, libros de texto viejos y algunas revistas que llevaban años acumulando polvo sin ningún destino real.

Ayudamos a separar lo que tenía sentido conservar ahí, lo que convenía llevar a otra institución más afin, y lo que ya no tenía circulación posible.

La biblioteca juvenil de la parroquia abrió unos meses después, con un catálogo más chico pero con libros que de verdad alguien iba a leer.

Si vas a donar a una parroquia, asilo o grupo comunitario, piensa primero en su propósito real. Una biblioteca para jóvenes necesita algo distinto a un acervo de consulta. Entre más específico el destino, más útil termina siendo la donación.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

Escribir por WhatsApp