Don Anselmo trabajó cuarenta años en la misma empresa. Al jubilarse, decidió venderlo casi todo en la Ciudad de México y mudarse a una casa más chica en Mérida, cerca de su hija.
Su biblioteca era de las cosas que más le costaba resolver. Cuatro libreros completos, acumulados a lo largo de toda una vida laboral y familiar.
En Mérida solo tendría espacio para uno. Tuvo que decidir, con calma pero con firmeza, qué biblioteca quería empezar en su nueva etapa.
Revisamos todo junto con él durante dos visitas, porque el volumen era grande. Se quedó con los libros que definían quién era ahora, más allá de quién había sido: algo de historia, algunas novelas favoritas, y los libros de sus nietos, que visitaría seguido.
El resto encontró destino entre venta y donación, y don Anselmo se fue a Mérida con exactamente los libros que quería tener cerca en esta nueva etapa.
Si te vas a mudar de ciudad al jubilarte, piensa en tu biblioteca como una oportunidad. Pregúntate qué libros quieres que te acompañen en lo que sigue, más allá de cuáles cargaste durante años por costumbre.