En el testamento de doña Petra había una línea específica que sorprendió a toda la familia: un libro en particular, una edición ilustrada de cuentos, debía pasar directamente a su nieta más chica, Camila, de apenas diez años.
El resto de la biblioteca no tenía instrucciones especiales, y quedó a criterio de los hijos decidir su destino.
Cuando llegamos a hacer la revisión, la familia ya había apartado ese libro con cuidado especial, siguiendo la voluntad de doña Petra al pie de la letra.
Camila, aunque no entendía del todo la formalidad del testamento, sabía que ese libro era suyo de una forma distinta a cualquier otro: su abuela lo había pensado específicamente para ella.
Revisamos el resto de la biblioteca con normalidad, mientras esa nieta guardaba su libro aparte, como un tesoro ya oficial.
No es común que un testamento mencione libros específicos, pero cuando sucede, es una señal clara de cuánto puede pesar un solo ejemplar en la memoria de alguien. Vale la pena respetar esas indicaciones con el mismo cuidado que cualquier otra voluntad.