Han pasado más de diez años desde la primera vez que compramos libros usados.

Todo comenzó en una familia sencilla, en un barrio trabajador al poniente de la Ciudad de México. Cuando pedimos usar un espacio de la casa para guardar los primeros libros, la respuesta fue sí: se movió el comedor de lugar para hacer sitio.

En pocas semanas, ese rincón se convirtió en una pequeña biblioteca: libros por aquí, cajas por allá, revisados uno por uno, lenta y cuidadosamente. Porque cuando te gustan los libros, te tomas el tiempo de hojearlos, aunque falte tanto por aprender.

Esa temporada se extendió casi un año, hasta ocupar el comedor y la sala completos. Con paciencia y cariño, llegó el momento de buscar un espacio propio.

Siempre nos apoyaron. Por eso queremos apoyar a los demás.

¿Tienes libros que ya no puedes conservar?

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