Algunas entradas son prácticas. Otras guardan una escena: una mudanza, una biblioteca heredada, una caja que por fin pudo cerrarse.

Soltar para crecer

Su hija se fue a estudiar a Canadá hace doce años y no ha vuelto. Soltar sus libros fue una forma de aceptar que la vida sigue.

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El tesoro

Su padre, abogado, llamaba "tesoro" a su colección. Un año después de su muerte, ella decidió que llegara a estudiantes y profesores.

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A darle vuelo a la hilacha...

Un ingeniero petroquímico a punto de jubilarse renueva su casa por completo y decide qué parte de su biblioteca lo acompañará en los viajes que siempre quiso hacer.

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Señora Rosario

Treinta años dirigiendo una escuela y una biblioteca que ya casi nadie visita. Decidió acercar los libros restantes al jardín.

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Debo mudarme cada dos años

Un diplomático que no logra quedarse quieto en un solo domicilio. Cada mudanza, unos quinientos libros encuentran nuevo destino.

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Se llevan una parte de vida

«Cuando un ser querido se convierte en un recuerdo, la memoria se convierte en un tesoro». La señora Renée nos volvió a llamar, esta vez por sus propios libros.

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Me urgía entregar la casa

Su madre había fallecido y ella vivía en Texas. No podía llevarse la biblioteca, pero quería que sus libros llegaran a quien los valorara.

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Doña Carmen

Dos hermanas que amaban leer decidieron que sus libros volvieran a circular. Así fue la tarde en que fuimos por su biblioteca.

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