Me caen bien las mamás orgullosas de sus hijas
Una abuela que se mudaba para cuidar a su nieto nos habló, con sencillez y orgullo, de la hija que la había llevado hasta ahí.
Historias de bibliotecas que encontraron destino, escenas de casas que cambiaron y guías para resolver la tuya sin prisa ni culpa.
Una abuela que se mudaba para cuidar a su nieto nos habló, con sencillez y orgullo, de la hija que la había llevado hasta ahí.
Algunas entradas son prácticas. Otras guardan una escena: una mudanza, una biblioteca heredada, una caja que por fin pudo cerrarse.
Antes de tener un transporte adecuado, un pequeño auto sin cajuela nos llevó por toda la ciudad. Esta es la historia de esa avería memorable.
Leer más →A veces, en nuestras citas, somos testigos de pequeños dramas cotidianos: una madre que explica a su hijo por qué deben mudarse.
Leer más →Un colegio en San Jerónimo organizaba su colecta anual y quería que los libros descatalogados llegaran a buen destino.
Leer más →Una cita de "pocos libros de arte" en Cuernavaca terminó siendo mucho más grande de lo que parecía en la papeleta.
Leer más →Cómo un espacio prestado por una madre en la cocina de casa se convirtió, poco a poco, en el origen de todo esto.
Leer más →Una curadora se mudaba a Nueva York y quería que su biblioteca de arte, cuidada libro a libro, valiera cada peso de la oferta.
Leer más →Heredó la biblioteca de un fundador de partido político. Ella quería que llegara a estudiantes universitarios, tal como él lo hubiera querido.
Leer más →Nos llamó para preguntar si seguíamos comprando libros usados. En realidad, quería reunir fuerzas para volver a ver a sus papás.
Leer más →